jueves, 7 de noviembre de 2019

De repente...

"Yo no tengo capacidad para esto", "pensaba que me dedicaría a otra cosa", "nunca imaginé que estaría en este sitio", "yo, para esto, no sirvo"...
¿Cuántas veces he escuchado a otros y ME he escuchado a mi misma diciendo esto? No sabría contestar a esta pregunta ahora... Cientos, miles de veces?... Yo qué sé.

 Y, sin embargo, ahora puedo decir lo que siento respecto a esto. 
Nos creemos "capacitados" para una o unas cuantas cosas. Aquello que dominamos o comenzamos a dominar, que nos gusta, que nos hace sentir seguros. Aquello para lo que creemos estar "destinados"... Este y no otro es nuestro sitio, y ahí nos deben dejar un hueco, un lugar, una función o un espacio.
Y de pronto alguna circunstancia lo cambia todo. Y no sabemos qué hacer, ni qué decir, ni por dónde comenzar. Puede que lloremos de impotencia o que carguemos de improperios contra lo que ha hecho posible esto...
Entonces se presentan dos posibilidades: tirar la toalla y en ella todo lo que suena a oportunidad, a vida emergente, a futuro incierto, pero futuro; o seguir adelante, levantarte, estudiar, buscar posibilidades y avanzar a tropezones.

Esto último es lo más difícil y lo menos transitado porque requiere valentía, tiempo, esfuerzo y estar vigilante. Pero es lo que diferencia que nos encerremos en una "capacidad para la que creemos estar hechos y destinados" o que descubramos las miles de posibilidades que encierra nuestro cerebro y nuestro corazón cuando lo ponemos en juego. No sin riesgo, pero en juego...
Ánimo a los que andáis ahora por este camino. Os aseguro que descubriréis mucho potencial dormido esperando un buen despertar!
"Dos caminos se abrieron ante mi. Tomé el menos transitado. Eso marcó la diferencia" (Robert Frost)

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